
No tengo un peso y me muero de hambre, quiero llegar a mi chalet y dormir pero estoy lejos y es de noche, le diré al señor conductor que si es tan amable de dejarme entrar por la puerta de atrás y dejarme en Cumpeo Rinconada,al llegar quizá me encuentre al siempre amable Don Chuma para que me invite un pan con salchichón, mientras miro a ver que pasa mañana, algo no se...alguna aventura nueva.
Una realidad tan triste como esta es común por estas tierras del sur, una verdad latente en Latinoamérica pero solo este pajarraco traído de los cabellos puede hacer de esta situación toda una experiencia digerible, con humor a veces ramplón o inexplicable Condorito ha hecho de las suyas por sesenta años, y lo seguirá haciendo por mucho tiempo mas, mientras existamos mal llamados sudacas que nos identifiquemos con la vida que nos toca vivir o mientras nos permitamos reirnos y criticar nuestras desgracias. Lo bonito de todo este cuento, es que este personaje puede soñar e imaginar como lo hacemos acá en el tercer mundo, el pajarrete este puede aspirar a tener el amor de una mujer voluptuosa, burlarnos de los suegros mofarnos de los amigos de esquina, cuidar de un perro y hasta ser padre a las malas de un sobrino encargado, esto y mucho mas puede pasar en la vida de Condorito tan extraña es la visión de su universo que un día puede llegar a ser astronauta, doctor, gerente, loco o presidente.
Latinoamérica no ha tenido héroes de papel y ojalá nunca los tenga, no necesitamos músculos y capas o un andrógino con ojos gigantescos que maneja un robot, cuando tenemos unos representantes directos de lo que somos, veamos el caso de Mafalda de Quino, el mismísimo pero extinto Copetín de Ernesto Franco, digamos el extrañamente justo pero reprochable Boogie el aceitoso de Fontanarrosa , y el siempre infaltable amigo de celadores aquel pajarraco con alpargatas y camiseta naranja, personajes hechos por personas reales que se tomaron la tarea de mirar realmente su entorno e identificar esa realidad tan abrumadora que nos rodea. estos garabatos extrañamente célebres que aparecieron de un momento a otro sin pautas, publicidad, trampas o falsedades para vender juguetes de todo el apartaje comercial que nos ofrecen las compañías del entretenimiento, acuden al auxilio de las narrativas propias del latino y proponen la base real de lo que es la historieta local.
Condorito cumple sesenta años, diez años menos que batman pero mejor vividos, entre chistes flojos impreso a dos tintas, un plop y una sonrisa,que a veces nos parece que no dice nada, llega para cuestionarnos y así exigirnos una explicación, mientras existan peluquerías y consultorios odontológicos con la revista. larga vida al pajarraco!
YOLANDA VARGAS